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Motivación y establecimiento de objetivos

MOTIVACIÓN

Autor: Lic. Micaela Comello @micapsicosport

Introducción

¿Cuál es el proceso o condición que determina el inicio de un sujeto en una actividad deportiva y su mantenimiento en el tiempo? ¿Respecto a qué se mantiene y se guía  la práctica de un deporte? Para responder a dichos interrogantes, en el presente informe se profundizará desde la psicología del deporte sobre el concepto de motivación aplicada al ámbito deportivo.

¿Cómo se relaciona entonces la «motivación» con el «establecimiento de objetivos»?

De acuerdo con la personalidad y, por ende, con los niveles motivacionales que posea el deportista, se determinarán sus metas. Asimismo, la técnica de establecimiento de objetivos es motivacional ya que será un mapa que guiará al deportista en el recorrido hacia el logro de estos, movilizará la energía y el esfuerzo, los mantendrá en el tiempo, es decir, contribuirá a que el deportista elabore estrategias para alcanzar sus metas.

Desarrollo

Según Balaguer (1994) en el ámbito de la actividad física y el deporte, la motivación es el producto de un conjunto de variables sociales, ambientales e individuales que determinan la elección de una actividad física o deportiva, la intensidad en la práctica de esa actividad, la persistencia en la tarea y en último término el rendimiento. Todas estas variables tienen influencia en la persistencia, intensidad y frecuencia de la conducta deportiva y, a su vez, interactúan entre ellas aumentando, manteniendo o disminuyendo esta conducta.[1]

Comúnmente se suele confundir el concepto de motivación con el de activación. Debido a esto, muchos entrenadores piensan que antes de la competición deben utilizar técnicas que aumenten el nivel de activación de los deportistas, por ejemplo, utilizando gritos, insultos, golpes,  al considerar que cuanto más activados se encuentren los deportistas más motivados van a estar y tendrán un rendimiento óptimo. De acuerdo con lo planteado por Balaguer (1994), la activación y la motivación son dos constructos separados e independientes entre sí. psicología del deporte

Por este motivo es importante la difusión de la Psicología aplicada al Deporte, ya que al conocerse la especialidad se infiere que podría haber una mayor inserción en el ámbito del deporte y, de esta manera, se podría educar y asesorar, por ejemplo, sobre las variables psicodeportológicas, para que dejen de suceder este tipo de confusiones acerca de dichas variables y estas puedan optimizarse al servicio del «hombre en situación deportiva».

Profundizando sobre el constructo «motivación», una de las teorías más relevantes es la «Teoría de logro» (Atkinson, 1964 y McClelland, 1961), en la cual se desarrolla que el logro es el resultado de la interacción de los factores personales con los situacionales.  Los factores personales se relacionan con  el motivo de conseguir el éxito y el motivo de evitar el fracaso. Los factores situacionales consisten en una evaluación de la dificultad de la tarea a realizar y de las recompensas asociadas tanto al éxito como al fracaso. De esta manera, los primeros se combinan con los segundos, originando en los individuos mayor o menor necesidad de logro, lo cual explica las  diferencias de comportamiento en ciertas situaciones.[2]

Desde esta perspectiva de la psicología del deporte, se asume que son dos los objetivos de logro que funcionan en los contextos de logro (en este caso en el ámbito del deporte), la meta de resultado o competencia y la meta de maestría o rendimiento. Estas dos metas dependerán de la forma en que los deportistas evalúen subjetivamente su nivel de competencia o habilidad. Los deportistas orientados hacia la meta de competencia tienen como objetivo demostrar su habilidad y compararla con la de los demás. Se sienten competentes cuando muestran que son superiores a sus rivales y poco competentes cuando son inferiores. Los deportistas orientados a la meta de maestría  tienen como objetivo demostrar aprendizaje y maestría sobre la tarea. Sienten que son exitosos cuando mejoran en el rendimiento, cuando perfeccionan la ejecución de la tarea. No se comparan con los demás sino con ellos mismos. Creen que han optimizado su habilidad una vez que han mejorado el aprendizaje de su tarea, no cuando superan a los rivales. En la competición, parece obvio que el objetivo principal es ganar, pero  esto no depende sólo del deportista sino también de los rivales, por lo que el deportista no tiene control sobre esta variable;  en efecto, si se pone como objetivo el resultado, aumentará el nivel de estrés y descenderá la motivación.

Por lo expuesto anteriormente, se infiere que el deportista centrado en la realización de la tarea, en el rendimiento, es muy posible que alcance los resultados esperados, pues el resultado será consecuencia del rendimiento en la tarea. Lograr centrarse en la tarea a realizar en vez de pensar en el resultado es una habilidad que hay que  entrenar, tal es así que el  trabajo del psicodeportólogo será centrarse en la construcción de los objetivos y metas, adherir a los procesos y no a los resultados.  En palabras de Grabin, «el rol del psicólogo deportólogo contribuye en esa construcción, asesorando en salud, educación y valores, soslayando el resultado, injerencia propia del equipo deportivo».[3] (2009).  Es por esto que la motivación y el establecimiento de objetivos son dos constructos que se interrelacionan profundamente, ya que “la psicología del deporte es una disciplina científica que aporta sus conocimientos al servicio del logro de las metas de los equipos Deportivo y Deportológico” (Grabin, 2009), siendo el «establecimiento de objetivos» una técnica motivacional por excelencia.

Siguiendo los lineamientos de  Balaguer (1994), el supuesto principal del establecimiento de objetivos es que cuando los sujetos tienen definidos y adjudicados unos objetivos, su conducta se dirige con mayor fuerza hacia la consecución de aquellos, los cuales actúan como reguladores de la acción. Por lo tanto, las funciones que cumple el establecimiento de metas son el direccionamiento de la atención y el direccionamiento de la acción de los individuos, proporcionando un mapa cognitivo que permitirá a los deportistas entender cuáles son los objetivos concretos a alcanzar, movilizar la energía y el esfuerzo, prolongar el esfuerzo en el tiempo, ya que una vez que el sujeto se ha comprometido a alcanzar una meta, tiende a esforzarse hasta conseguirla y ayudar a que los sujetos elaboren estrategias para este mismo propósito. [4]

Cabe destacar que previamente al establecimiento de los objetivos se tendrá que elaborar un perfil de personalidad del asesorando, con el fin de conocer sus capacidades,  sus intereses, su compromiso y, de acuerdo con ello, evaluar si los objetivos planteados son posibles de alcanzar. Las metas y objetivos tendrán que ajustarse a las capacidades del deportista, a sus tiempos, a sus necesidades.

De acuerdo con las investigaciones de  Weinberg y Gould (1996), existen diez principios básicos  que proporcionarán una base sólida para el diseño de un programa de establecimiento de metas, a saber: Instituir objetivos específicos; establecer objetivos difíciles pero realistas, que supongan un esfuerzo, un desafío para el deportista, y a su vez  que sean realistas como para poder alcanzarlos, ya que si fueran demasiado arduos, podrían provocar frustración y reducir la confianza y el rendimiento; establecer objetivos a corto y largo plazo; establecer objetivos de rendimiento; anotar por escrito los objetivos; desarrollar estrategias para el logro de los objetivos; considerar la personalidad de los participantes; favorecer el compromiso con objetivos individuales; proveer apoyo a las metas; evaluar los objetivos, debido a que es fundamental el feedback de rendimiento sobre el progreso.

Estos diez principios de establecimiento de objetivos constituyen las bases del sistema de tres fases que implica la preparación del instructor-líder, la educación y adquisición, y el seguimiento.[5]

Conclusión

Se infiere que todos los sujetos tienen objetivos a alcanzar, pero resulta indispensable cómo se llega a conseguirlos, desde dónde se comienza dicho camino y con qué herramientas cuenta el asesorando.

En consecuencia, de lo expuesto en este informe, se desprende que el rol del psicólogo del deporte es brindar sus conocimientos al servicio del «hombre en situación deportiva», por ende, contribuirá a la construcción de sus metas y objetivos, lo cual funcionará como  motor de la conducta del deportista, hará que se mantenga el esfuerzo en el tiempo, todo lo que probablemente lo llevará a lograr dichos objetivos.

No obstante, el establecimiento de metas no puede realizarse en el vacío. Por esto, es imprescindible que el psicólogo del deporte establezca primero un perfil de personalidad del asesorando, conozca sus intereses y compromiso, y de esta manera empiece a cimentar las bases del plan para construir  los objetivos pretendidos,  de los cuales el «hombre en situación deportiva» será el protagonista. Sin dicho fundamento, la consecución de las metas propuestas se tornará muy poco viable, ya que así se podrían elaborar estrategias ineficaces y la técnica de establecimiento de objetivos no cumpliría con su propósito, el de motivación. Por ello, resulta necesario saber quiénes somos, para saber hacia dónde nos dirigimos, es decir, conocer el perfil de personalidad del “hombre en situación deportiva” y a partir de allí  construir los objetivos.

 

Bibliografía

  • Balaguer, I. (1994). Entrenamiento psicológico en el deporte, Albatros, Valencia, 61-87.
  • Grabin, L. (2009)Evaluación del Logro de Meta ¿Siempre ganar o perder?
  • Weinberg, R. yGould, D. (1996) Fundamentos de psicología del deporte y el ejercicio físico; Ariel Psicología: Barcelona, (1ra. Ed.) 17; pp. 365-387.

 

[1] Cfr. Balaguer, I. (1994). Entrenamiento psicológico en el deporte. Albatros, Valencia.

[2] Balaguer, I. op. cit.  (1994) Entrenamiento psicológico en el deporte, Albatros, Valencia.

[3] Grabin, L. (2009). Evaluación del logro de meta. ¿Siempre GANAR o PERDER?

[4] Balaguer, I. (1994) Entrenamiento psicológico en el deporte, Albatros, Valencia, 61-87

[5] Weinberg, R. y Gould, D. (1996). Fundamentos de psicología del deporte y el ejercicio físico. Ariel Psicología: Barcelona, (1ra. Ed.) 17.

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